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miércoles, 11 de agosto de 2010

¡Curiosidades!

Fuente: Internet


A mediados de julio de 1931, mientras el equipo de Eisenstein filmaba en la hacienda de Santiago Tetlapayac las escenas para el episodio ubicado en la época de la dictadura de Díaz ocurrió un fatal accidente: el joven peón Félix Olvera, que interpretaba un papel en el film, mató sin querer a su propia hermana al mostrarle una pistola que se estaba usando en el rodaje. Olvera intentó huir a través de los magueyales; el asesino involuntario fue capturado y conducido a la hacienda.

Eisenstein recuerda que el joven iba amarrado con cuerdas y sangraba profusamente ya que había sido golpeado por sus captores. El hecho se convirtió en noticia de resonancia internacional y provocó que el cineasta cayera enfermo por algunos días con la consecuente suspensión del rodaje.

El rodaje de ¡Que viva México! , quedó cancelado en febrero de 1932 cuando todavía faltaban por realizarse todas las escenas del episodio dedicado a la Revolución Mexicana y algunas del episodio "español".

Para que la desgracia de Eisenstein fuera completa, los materiales de su film mexicano se dispersaron y con ellos se han hecho una buena cantidad de "versiones" que, en los mejores casos, pueden considerarse como homenajes a la tarea artística desarrollada por Eisenstein en México. (publicacions.ub.es/bibliotecaDigital/cinema/filmhistoria/)

Eisenstein y el arte de Diego Rivera

Fuente: Internet


Estas ideas de la Historia de México guardan varias similitudes con la concepción que del mismo proceso histórico tenía el muralista Diego Rivera. El cineasta soviético fue influido de manera profunda (y así lo admitió en no pocas ocasiones) por el arte y las ideas de los grandes grabadores y muralistas mexicanos: José Guadalupe Posada, Miguel Covarrubias, José Clemente Orozco, David Alfaro Siquieros, Jean Charlot y el propio Rivera.

Para éste último, marxista convencido, la Historia de México que conocía con gran rigor y cuyos principales motivos había plasmado en sus murales de la Secretaría de Educación Pública (1923-1928), Universidad de Chapingo (1924- 1927), Palacio Nacional (1929-1930) y Palacio de Cortés en Cuernavaca (1930- 1931), murales que Eisenstein conoció y estudió es un proceso sumamente complejo en el que la geografía, la vida cotidiana, el trabajo, los ritos y los mitos confluyen en una serie de luchas que anteceden a la Revolución Socialista y al consecuente orden comunista.

¡Que viva México! (1930-1932)


Escena de "Maguey", parte del film "Que Viva México" (1930-1932)

Fue un proyecto alternativo tras la serie de Intentos frustrados que Eisenstein hizo para poder realizar alguna obra fílmica en el Hollywood de comienzos del sonoro.

Contando con el respaldo financiero del escritor izquierdista Upton Sinclair, a quien había conocido por mediación de Charles Chaplin, Eisenstein partió de la estación ferroviaria de Hollywwod rumbo a México; antes de ello, respondió lo siguiente a un periodista de Los Angeles Times: “México es primitivo, apegado a la tierra. El mensaje que propone puede dar por sí solo material para muchas películas.

Eisenstein y su equipo llegaron a la capital mexicana el 8 de diciembre de 1930 con el objeto de realizar un documental al que se pensaba titular Vida de México (Life of Mexico): en el contrato firmado con Sinclair se establecía claramente que, quizá para evitar problemas con la censura del país anfitrión, el film debía ser "apolítico" y digno de la reputación del cineasta "y de su genio". Sin embargo, en sus primeras declaraciones a la prensa mexicana, afirmó categórico: “Vengo a México a hacer una película sobre este país, de cuyo pueblo y de cuyo arte soy un gran admirador. Iremos a todos aquellos sitios que se haga necesario, como lo hacemos en las cintas rusas, y así obtendremos lo que deseamos, sin adulteraciones ni fingimientos”.

Según sugiere el propio Eisenstein, su admiración e interés por México se remontarían a los años de infancia y, más concretamente, a la época de juventud, época en la que conoció los relatos de John Reed sobre la Revolución Mexicana.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La anécdota sobre el Presidente Álvaro Obregón y La Suave Patria

La anécdota sobre el Presidente Álvaro Obregón y La Suave Patria

"¡Viva Cristo Rey! La Revolución ha fracasado". En México el poeta civil del 2001 se llama León Felipe y escribió hace más de cincuenta años. La Revolución murió sin que nadie la llorara en una elegía. Tampoco hubo una épica para celebrarla. Sus mayores novelas —Los de abajo, El águila y la serpiente, La sombra del caudillo— critican la violencia ciega y las corrupciones de los nuevos poderes. Dos de sus grandes escritores, Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, fueron hijos de militares porfirianos caídos en lucha contra el maderismo. Así, no quedó más remedio que inventarse un poema patriótico declamable en las escuelas. Pero "La suave Patria" no es nada de eso. Su misterio no se ha agotado y aún invita a toda clase de interpretaciones.

También sorprende que hayamos decidido celebrar no un número redondo sino los ochenta años de su aparición en la revista El Maestro, dirigida por José Gorostiza y patrocinada por José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional a punto de convertirse en ministro de Educación. El Maestro repartía cientos de miles de ejemplares gratuitos en Hispanoamérica. Uno cayó en manos del joven Borges. Se aprendió de memoria "La suave Patria" y no la olvidó nunca.

El ser memorizable es una de las cualidades que hacen memorable "La suave Patria". Es fama que al morir López Velarde Vasconcelos fue al castillo de Chapultepec para conseguir que el gobierno pagara las exequias. Álvaro Obregón, uno de los rarísimos presidentes mexicanos aficionados a la poesía y discreto versificador él mismo, amaba a Vargas Vila y a Julio Flórez pero ignoraba quién era el muerto. Vasconcelos le leyó "La suave Patria". En su siguiente acuerdo ministerial Obregón la recitó como si la hubiera estudiado mucho tiempo.